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domingo, 10 de julio de 2011

EL MATRIMONIO ES LA MEJOR MEDICINA... Estudio Científico.

          Después de todo, parece ser que e matrimonio es e mejor estado para gozar de una buena salud física y mental. Al menos esto es lo que afirma un estudio publicado en British Medical Journal. Según los doctores Jhon y David Gallacher, de la Universidad de Cardiff, en Gales, en promedio, la gente casada vive mas, las mujeres casadas tienen una mejor salud mental y los hombres casados tienen una mejor salud física.

        Se sabe que el matrimonio puede ser un trayecto lleno de dificultades y de estrés, pero a juzgar por la evidencia científica, vale la pena hacer ese trayecto, señalan los científicos. Los investigadores llevaron a cabo una revisión de os estudios que se han hecho sobre el impacto en la salud de una relación larga de pareja.

        Uno de los estudios llevado a cabo con mil millones de personas en siete países europeos, encontró que las parejas casadas tenían una tasa de mortalidad entre 10 y 15% menor que toda la población. Los científicos encontraron también que una relación de pareja larga esta asociada con un mejor estándar de vida.

        Quizás esto se debe a que formar parte de una relación significa tener un mejor sistema de apoyo social, con una red de individuos serviciales y compasivos, que comienzan con el propio compañero. Y esto, dicen, conduce a un estilo de vida mas sano y una mejor salud emocional y física. El estudio observa que estos afectos protectores a la salud varían de acuerdo al tipo de relación, por ejemplo entre cohabitar y estar casado. El matrimonio y otras formas de relación pueden ser colocadas en una escala de compromiso. Y entre mayor el compromiso con la pareja, mayor el beneficio para la salud.


Dres. John t David Gallacher.
Guía Médica y de farmacias, Valencia Marzo 2011. Pagina 76.

martes, 5 de julio de 2011

DECLARACIÓN DE ESTIMA DE UNO MISMO

Yo Soy Yo
Por Virginia Satir


En todo el mundo no hay nadie como yo.

Hay personas que tienen algo en común conmigo, pero nadie es exactamente como yo. Por lo tanto, todo lo que surge de mí es verdaderamente mío porque yo sola lo escogí.

Soy dueña de todo lo que me concierne: De mi cuerpo, incluyendo todo lo que hace; mi mente, incluyendo todos sus pensamientos e ideas; mis ojos, incluyendo las imágenes de todo lo que contemplan; mis sentimientos, sean lo que sean, ira, gozo, frustración, amor, desilusión, excitación; mi boca, y todas las palabras que de ella salen, corteses, tiernas o rudas, correctas o incorrectas; mi voz, fuerte o suave,  y todas mis acciones, ya sean para otros o para mí misma.

Soy dueña de mis fantasías, mis sueños, mis esperanzas, mis temores. Soy dueña de todos mis triunfos y logros, de todos mis fracasos y errores.

Como soy dueña de todo mi yo, puedo llegar a conocerme íntimamente. Al hacerlo, puedo amarme y ser afectuosa conmigo en todo lo que me forma.

Puedo así hacer posible que todo lo que soy trabaje para mi mejor provecho. Sé que hay aspectos de mí misma que me embrollan, y otros aspectos que no conozco.

Mas mientras siga siendo afectuosa y amorosa conmigo misma, valiente y esperanzada, puedo buscar las soluciones a los embrollos y los medios para llegar a conocerme mejor.

Sea cual sea mi imagen visual y auditiva, diga lo que diga, haga lo que haga, piense lo que piense y sienta lo que sienta en un instante del tiempo, esa soy yo.  Esto es real y refleja donde estoy en ese instante del tiempo.

Más tarde, cuando reviso cuál era mi imagen visual y auditiva, que dije y que hice, que pensé y que sentí, quizá resulte que algunas piezas no encajen.

Puedo descartar lo que no encaja y conservar lo que demostró que si encaja. E inventar algo nuevo en vez de lo que descarté. Puedo ver, oír, sentir, pensar, decir y hacer.

Tengo las herramientas para sobrevivir, para estar cerca de otros, para ser productiva, y para encontrar el sentido y el orden del mundo formado por la gente y las cosas que me rodean.

Soy dueña de mí misma, y por ello puedo construirme. Yo soy yo y estoy bien.



lunes, 4 de julio de 2011

VIOLENCIA CONTRA LA MUJER.... ¿Y LOS AGRESORES?



         La violencia no es un mal irremediable. Es posible generar un ambiente cálido y respetuoso en la familia cuando sus miembros se desarrollan libres de agresiones físicas, verbales o sexuales.

        Cuando hablamos de violencia contra la mujer, solemos enfocarnos a ella: lo que ella siente, los tratamientos, la prevención, la importancia del autoestima, del autocuidado, la importancia de las denuncias. Pero a veces nos olvidamos que quienes ejercen la violencia, son hombres dañados, que muchas veces han sufrido ellos mismos la violencia y han visto como sus padres golpeaban a sus madres. Entonces, para frenar el círculo de la violencia, es muy importante considerar también a los agresores. 

      Dicen que el que nace chicharra muere cantando, y que el agresor siempre lo será. Pero desde la Orientación, y siguiendo un enfoque humanista, se piensa en lo posible (sin dejar de ser realistas por supuesto), quizá muchos de esos hombres en realidad no son malos, sino enfermos. Conductas aprendidas, aprendizaje por imitación, familias disfuncionales, niñez abandonada, factore de riesgo como el alcoholismo, la drogadicción, entre otros. Sumado todo esto a una hipervaloración de la violencia; de juegos que son muchas veces violentos, de tratar mal a la gente en la calle.

      Son muchas las causas que puedan determinar estas conductas. Muchas las consecuencias a las que se pueden llegar; lo que desde esta perspectiva se puede ofrecer es un tipo de intervención remedial, que si bien es cierto "el mal esta hecho", promoverá un stop para que siga sucediendo y para prevenir que muchos mas tomen la violencia como parte de su día a día.

 Contribución de:

CICLO DE VIOLENCIA


Una mujer soporta el maltrato porque, tiene dependencia económica, emocional o miedo. El miedo que la paraliza cuando es sometida a ciclos repetidos de violencia va anulando su autoestima, distanciándola del contacto con la realidad objetiva e incapacitándola para poder encontrar, por sí sola, la salida al maltrato que padece.

Por tales razones, los especialistas explican que una mujer, cuando está en una situación de violencia sostenida, no puede por ella misma romper este ciclo. Necesita ayuda. Un apoyo exterior de la familia, de los profesionales, del ecosistema que la rodea; para aprender a autocuidarse, a recuperar su autoestima, para comprender que ella sí es capaz de enfrentar el maltrato de que es objeto y que ella sí puede ponerle fin.



Fases de un ciclo

        En no pocas relaciones que se vuelven violentas es frecuente que el primer ataque aparezca como un hecho aislado. Pero, en muchos casos, se desarrolla el ciclo de la violencia descrito o ciclo del abuso, fue descrito -en 1979- por la psicóloga Leonora Walker. Ella se dio cuenta de que existían tres fases que componían este ciclo:
1.    Acumulación de tensión: enojo, discusiones, acusaciones, maldecir.
2.    Explosión de la violencia: pegar, cachetear, patear, herir, abuso sexual, abuso verbal y puede llegar hasta el homicidio.
3.    Período de calma: que también se le dice de luna de miel o de reconciliación, el hombre niega la violencia, pone pretextos, se disculpa o promete que no va a volver a suceder.

Entre culpas y perdones

        Ciertas mujeres, después de ser agredidas, van a la estación de policía y hacen la denuncia pero, al otro día, retiran la acusación; entonces la justicia no puede hacer nada. Este es un problema muy complejo porque ellas buscan ayuda en el momento en que se sienten indefensas. Se reconoce que el diez por ciento de quienes padecen maltrato buscan asistencia externa.

       Cuando buscan la ayuda, después comienza el sentimiento de culpa, porque así se manifiesta el ciclo de la violencia: después del momento de la tensión y del acto violento, el hombre se arrepiente, dice que no lo va a hacer nunca más, le promete villas y castillos, le dice que ella lo provocó, que él perdió los estribos por lo que ella es la culpable; él se arrepiente y promete no hacerlo nunca más. Y la mujer confía porque quiere creer o porque necesita creer.

        Ese ciclo se va repitiendo una y otra vez; hasta instalarse en la cotidianidad de la relación de pareja. La repetición del ciclo de la violencia se consolida hasta que la mujer recibe ayuda y encuentra la posibilidad, el crecimiento personal que necesita una maltratada para poder poner fin a la violencia. Es totalmente falsa la creencia de que a las mujeres les gusta que las maltraten. Son los resortes externos los que las obligan a quedarse. Muchas veces habla con una amiga o un familiar y le aconsejan: «¿Pero tú lo vas a dejar? Es el padre de tus hijos. ¿Qué vas a hacer sola? El va a cambiar, aguanta un poquito».

       Es posible que una mujer, en un momento determinado, pueda ser responsable de alguna problemática en la relación de pareja, pero nada justifica el ejercicio de la violencia, en ninguna de sus formas. Si la humanidad ha llegado hasta hoy es porque ha prevalecido para la supervivencia de nuestra especie la solidaridad, la comunicación, el espíritu de ayuda, que es lo que permite que los humanos no nos destruyamos los unos a los otros; y como especie desaparecer.





VIOLENCIA DE GÉNERO