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lunes, 4 de julio de 2011

CICLO DE VIOLENCIA


Una mujer soporta el maltrato porque, tiene dependencia económica, emocional o miedo. El miedo que la paraliza cuando es sometida a ciclos repetidos de violencia va anulando su autoestima, distanciándola del contacto con la realidad objetiva e incapacitándola para poder encontrar, por sí sola, la salida al maltrato que padece.

Por tales razones, los especialistas explican que una mujer, cuando está en una situación de violencia sostenida, no puede por ella misma romper este ciclo. Necesita ayuda. Un apoyo exterior de la familia, de los profesionales, del ecosistema que la rodea; para aprender a autocuidarse, a recuperar su autoestima, para comprender que ella sí es capaz de enfrentar el maltrato de que es objeto y que ella sí puede ponerle fin.



Fases de un ciclo

        En no pocas relaciones que se vuelven violentas es frecuente que el primer ataque aparezca como un hecho aislado. Pero, en muchos casos, se desarrolla el ciclo de la violencia descrito o ciclo del abuso, fue descrito -en 1979- por la psicóloga Leonora Walker. Ella se dio cuenta de que existían tres fases que componían este ciclo:
1.    Acumulación de tensión: enojo, discusiones, acusaciones, maldecir.
2.    Explosión de la violencia: pegar, cachetear, patear, herir, abuso sexual, abuso verbal y puede llegar hasta el homicidio.
3.    Período de calma: que también se le dice de luna de miel o de reconciliación, el hombre niega la violencia, pone pretextos, se disculpa o promete que no va a volver a suceder.

Entre culpas y perdones

        Ciertas mujeres, después de ser agredidas, van a la estación de policía y hacen la denuncia pero, al otro día, retiran la acusación; entonces la justicia no puede hacer nada. Este es un problema muy complejo porque ellas buscan ayuda en el momento en que se sienten indefensas. Se reconoce que el diez por ciento de quienes padecen maltrato buscan asistencia externa.

       Cuando buscan la ayuda, después comienza el sentimiento de culpa, porque así se manifiesta el ciclo de la violencia: después del momento de la tensión y del acto violento, el hombre se arrepiente, dice que no lo va a hacer nunca más, le promete villas y castillos, le dice que ella lo provocó, que él perdió los estribos por lo que ella es la culpable; él se arrepiente y promete no hacerlo nunca más. Y la mujer confía porque quiere creer o porque necesita creer.

        Ese ciclo se va repitiendo una y otra vez; hasta instalarse en la cotidianidad de la relación de pareja. La repetición del ciclo de la violencia se consolida hasta que la mujer recibe ayuda y encuentra la posibilidad, el crecimiento personal que necesita una maltratada para poder poner fin a la violencia. Es totalmente falsa la creencia de que a las mujeres les gusta que las maltraten. Son los resortes externos los que las obligan a quedarse. Muchas veces habla con una amiga o un familiar y le aconsejan: «¿Pero tú lo vas a dejar? Es el padre de tus hijos. ¿Qué vas a hacer sola? El va a cambiar, aguanta un poquito».

       Es posible que una mujer, en un momento determinado, pueda ser responsable de alguna problemática en la relación de pareja, pero nada justifica el ejercicio de la violencia, en ninguna de sus formas. Si la humanidad ha llegado hasta hoy es porque ha prevalecido para la supervivencia de nuestra especie la solidaridad, la comunicación, el espíritu de ayuda, que es lo que permite que los humanos no nos destruyamos los unos a los otros; y como especie desaparecer.





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